Cómo el mindfulness te abre los ojos

Alejandra Barba
24 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Alejandra Barba
24 de agosto de 2026 · 3 min de lectura
Yo era una de esas personas que decía que la atención plena no era posible en este mundo.
¿Cómo se supone que voy a concentrarme en una sola cosa si tengo mensajes, pendientes, juntas, correos y una lista mental que parecen interminables?
Durante mucho tiempo tuve un concepto equivocado del mindfulness. Creía que significaba poner la mente en blanco, eliminar las distracciones y permanecer perfectamente concentrada.
Resultó ser algo mucho más realista.
Jon Kabat-Zinn, uno de los principales referentes en el tema, describe mindfulness como prestar atención de manera intencional al momento presente y sin juzgar la experiencia (Kabat-Zinn, 2003).
La palabra que cambió mi manera de entenderlo fue intencional.
Mindfulness no significa que tu mente nunca se distraiga. Significa darte cuenta de que se fue… y aprender a traerla de regreso.
Estás leyendo y piensas en el correo que tienes que contestar. Estás en una junta mientras revisas WhatsApp. Escuchas a alguien, pero al mismo tiempo estás preparando mentalmente tu respuesta.
La mente se va. Y regresa.
Una y otra vez.
Ese regreso también es parte del entrenamiento.
La atención es un recurso limitado
La neurocientífica Amishi Jha ha estudiado la atención en personas sometidas a contextos de alta demanda. Sus investigaciones muestran que capacidades como la atención y la memoria de trabajo pueden deteriorarse bajo periodos prolongados de estrés, y que el entrenamiento en mindfulness puede ayudar a proteger estos recursos cognitivos (Jha et al., 2022).
Esto me parece especialmente relevante en un mundo donde hemos confundido estar ocupados con ser productivos.
Saltamos de una pestaña a otra, contestamos mensajes mientras escuchamos a alguien y terminamos el día sintiendo que hicimos muchas cosas, pero que no estuvimos completamente presentes en ninguna.
Daniel Goleman también plantea que la capacidad de dirigir nuestra atención está relacionada con competencias importantes para el liderazgo: escuchar, tomar decisiones, regular nuestras respuestas y conectar con otras personas (Goleman, 2013).
La atención no solamente afecta cuánto hacemos.
También afecta cómo hacemos lo que hacemos.
No se trata de convertirte en una persona zen
Hoy puedo decir que entiendo mucho mejor el impacto que tiene concentrarme en una sola cosa a la vez.
No porque ya no me distraiga.
Me distraigo.
Agarro el celular sin darme cuenta. Pienso en otra cosa mientras trabajo. Abro otra pestaña antes de terminar la anterior.
La diferencia es que ahora lo noto más rápido.
Y puedo regresar.
Quizá esa fue mi mayor confusión durante años: pensaba que mindfulness consistía en no distraerme.
Ahora entiendo que consiste, en buena medida, en darme cuenta de que me distraje y elegir volver.
No necesitas empezar meditando una hora al día.
Puedes comenzar mucho más pequeño: tomar un café sin revisar el teléfono, escuchar una conversación sin preparar tu respuesta, caminar cinco minutos sin estímulos o dedicar los primeros diez minutos de una junta exclusivamente a estar en la junta.
Porque quizá la atención plena nunca se trató de escapar del mundo acelerado en el que vivimos.
Quizá se trata de aprender a estar realmente presentes dentro de él.

Alejandra Barba
Psicóloga, coach de vida y conferencista. Acompaño a personas y equipos a vivir y trabajar con más bienestar, con base en psicología positiva.